Con 37 años, 2 hernias lumbares, una rodilla chueca, unas libras de más, mucho estrés y hambre de algo que me motivara a entrenar todos los días. Así me encontró el Jiu Jitsu.

Tenía muchas dudas y una certeza. Sabía que quería desarrollar defensa personal de forma correcta, pero… ¿Será que el Jiu jitsu es MÍ disciplina? Recuerdo muy bien mi clase de prueba, como venía de un sedentarismo de meses, el calentamiento ya me había cansado y la cosa estaba apenas empezando. Luego vinieron las primeras técnicas y desde la primera rodada lo supe. Esta era la disciplina para mí.

El chip del reto se encendió en mí y me encantó. Con todo y achaques me reté a llegar al límite, a cumplir con cada entreno y poco a poco logré más y más cosas.

En estos casi tres años no sólo he aprendido técnicas de Jiu jitsu, he aprendido lecciones de vida que me han impactado positivamente . He aprendido a reconocer mis limitaciones y fortalezas, superar temores, a ser humilde, que cualquiera te puede enseñar mucho, a ganarle la batalla a la ansiedad y la tensión, a ser disciplinado.

Aprendí que la satisfacción que buscaba, está del otro lado del reto. Aquí no gana el más fuerte y aguerrido. Gana la técnica y la calma.

Cada clase tiene sus propios retos, se volvió una adicción superarlos todos. Grandes y pequeños. Cuando menos lo sentí mi disciplina se convirtió en mi pasión. Al cabo del tiempo se vió reflejado en mi salud y estado físico también. Mis crisis de dolor de espalda consecuencia de mis hernias fueron cada vez menos frecuentes, empecé a tener más energía y esa rodilla chueca se volvió fuerte.

Cuando empecé mi hijo tenía tres años y jugando empezamos a hacer jiu jitsu con él. Se convirtió rápidamente en uno de los momentos favoritos de mi hijo, en los que compartimos un buen tiempo de calidad. Además , siempre ha sido importante para mí poderle enseñar a mi hijo a defenderse cuando lo requiera, supe con mi esposa que el Jiu jitsu iba a ser su disciplina también.

Hablando en reuniones con mi hermano mayor, Roberto, sobre lo que ellos veían reflejado en mi físico les hablé que el Jiu Jitsu va más allá, que la edad no es limitante y que practicarlo junto a Santiago mi hijo, lo hacía aún mejor. Así que a mi hermano asisitió a una semana de prueba en Rilion Gracie Guatemala ( la academia a la que pertenezco ) y le gustó tanto que llevó a mi sobrino Pablo a una clase. También quedó encantado, pues hay diversión y retos. Hemos visto su confianza aumentar y desarrollar destrezas físicas en esta linda disciplina. Mi hermano acaba de recibir su cinta azul y mi sobrino ya tuvo su primer cambio de cinta.

Y mi hijo? Pues contagiado de la pasión familiar por el Jiu Jitsu. A sus cinco años tenía ciertas dificultades de coordinación motriz, atención y control de impulsos. Por eso decidimos esperar antes de inscribirlo a una academia. Actualmente entrena en Cosenza Jiujitsu, lleva el programa Gracie Bullly Proof y le ha servido increíblemente a mejorar en todas las áreas que nos preocupaban.

Ha aprendido técnicas de defensa personal verbales y físicas. Gracias al Jiu jitsu su tolerancia a la frustración aumentó significativamente, así como su autocontrol. Disfruta cada clase, le gusta que lo filmemos y repasemos las técnicas en casa.

Después de verme competir en dos GT OPEN decidió participar en su primer competencia, un torneo interno y cosechó su primer medalla. Acaba de cambiar de cinta también.

Lo vemos motivado y feliz. ¿Qué más puedo pedir?

No, mi esposa no hace Jiu jitsu, pero ama este arte y nos acompaña con sus porras y positivismo siempre. Y seguro estoy que Mariana, nuestra bebé será campeona algún día también.

Hoy puedo decir que el Jiu Jitsu no es sólo una disciplina, es una pasión, que puede unir más a las familias y hacerlas más fuertes. ¡Somos una familia Jiujitera!